


Se suele decir que los autores literarios tienen varias formas de buscar un título adecuado para sus libros: hay autores que se fijan en el contenido principal de su texto y tratan de resumirlo en una palabra o en una frase. Cuando Orwell, por ejemplo, utiliza el número 1984 para titular su alegato clarividente y profético sobre el devenir de una sociedad pasiva y manipulada, se está anticipando al tiempo y a los acontecimientos, pero lo hace señalando una fecha en la que, según sus previsiones, el mundo estaría dominado por las dictaduras y sometido a su terror. En un simple número, Orwell cifra el inconformismo y la rebeldía ante un futuro imperfecto...
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